Únete a la danza del apego ecológico: 28 días para conectar con la naturaleza

Tú, tus hijos y tu familia estáis invitados a descubrir formas de conectar con la naturaleza, renovar vuestro apego ecológico y restaurar vuestra conexión viva con la Tierra.

La Dra. Darcia Narváez y sus alumnos realizaron un experimento para aumentar el apego ecológico —o la conexión con la naturaleza— a través de pequeñas actividades diarias. Cada día, los participantes realizaban una actividad que aumentaba la atención y el agradecimiento hacia el mundo natural. El informe final del estudio, publicado en se
puede consultar, publicado en Applied Developmental Science, se puede consultar aquí.

Participa en la Danza de apego ecológico para ampliar tu apego ecológico. Cada día, durante 28 días, puedes utilizar las tarjetas de la danza para guiarte. Cada actividad dura unos 5 minutos (aunque puedes alargarla si quieres).

Si deseas realizar la evaluación inicial anónima (y más tarde la evaluación final), podrás ver cómo cambian tus actitudes y comportamientos después de participar en la Danza.

Acerca del estudio

Tomarse tiempo para estar en comunión con la naturaleza aumenta el sentimiento de conexión con ella, según muestra un estudio.

Al diseñar un estudio reciente, la profesora de psicología de la Universidad de Notre Dame, Darcia Narváez, quiso comprobar si era posible promover el sentido de apego ecológico que formaba parte inherente de muchas sociedades preindustrializadas y que todavía practican los pueblos originarios. Un experimento que formaba parte del estudio, demostró que los estudiantes informaron de un aumento de la atención plena hacia el medio ambiente después de realizar tareas de apego ecológico, como contemplar la naturaleza, o practicar tareas de preservación del medio ambiente, como reciclar y limitar el consumo de electricidad. Solo las tareas que hacían que los estudiantes entraran en comunión con la naturaleza aumentaban el sentimiento de conexión con ella.

“Tomás de Aquino sugirió dos vías para alcanzar la fe y la inspiración divina: el buen libro y el mundo natural. En una época en la que la asistencia a misa y los eventos parroquiales se ven restringidos por la pandemia, puede ser un buen momento para restaurar la segunda vía hacia Dios, el mundo natural”, afirmó Narvaez. “Muchas sociedades antiguas, especialmente los pueblos originarios, utilizaban esta vía, tratando a las entidades naturales como miembros de la comunidad”.

Narváez, junto con la entonces estudiante de posgrado Angela Kurth, ahora en la Universidad de Saint Thomas, y los estudiantes universitarios Reilly Kohn y Andrea Bae, llevaron a cabo un experimento de tres semanas en el que compararon dos grupos: en el primer grupo se hacía hincapié en comportamientos conservacionistas, como apagar las luces al salir de una habitación; mientras que en el segundo grupo se hacía hincapié en el apego ecológico, que incluye cosas como reconocer los árboles y sentarse en la naturaleza mientras se escuchan deliberadamente los sonidos.

El equipo asignó aleatoriamente a los participantes universitarios a uno de los dos grupos. Después de realizar una encuesta previa en el laboratorio, los participantes leyeron información motivadora sobre su grupo, incluyendo datos científicos, un ensayo y un poema. A continuación, se les dio a los participantes un conjunto de posibles acciones a realizar en las tres semanas siguientes. Seleccionaron 21 actividades que pusieron en un sobre para elegir, una diferente para cada día. Al final del periodo de tres semanas, los participantes realizaron una encuesta posterior al experimento.

Los estudiantes del grupo conservacionista aumentaron lo que se denominó «acción ecológica», es decir, realizar acciones para preservar el medio ambiente, como reciclar y reducir el uso de productos desechables. Mientras que el grupo de apego ecológico aumentó la empatía ecológica, o la preocupación por las entidades no humanas. Ambos grupos aumentaron su conciencia ecológica, teniendo en cuenta el bienestar del medio ambiente y todo lo que contiene, al realizar sus rutinas diarias.

Los estudiantes matriculados durante el pasado semestre de primavera en el curso de Moralidad, Crianza y Conexión con la Naturaleza, de la profesora Narváez completaron actividades similares y también reportaron resultados positivos.

“Antes de esta clase, creo que tendía a creer que la humanidad estaba de alguna manera por encima de otros animales y separada del mundo natural, pero desde entonces la realidad me ha demostrado una y otra vez lo equivocada que estaba”, dijo Claire Rudden, graduada en 2020.

Isabel Botero, graduada en 2020 y procedente de Colombia, no pudo salir de su casa durante el confinamiento por cuarentena en su ciudad, pero convirtió la comunión con la naturaleza en una prioridad como parte de las tareas del curso.

“Me supuso un reto adaptar esas actividades al aire libre a cosas que pudiera hacer mientras estaba confinada en un apartamento. Observé aves a través de cámaras en directo y cultivé un frijol, algo que no había hecho desde el jardín de infancia, pero que disfruté mucho. Fue una forma de volver a ser niña y distraerme de la situación que están viviendo actualmente mi país y el mundo”.

Mientras la destrucción ecológica avanza a pasos agigantados en los países y culturas dominantes del mundo, un número cada vez mayor de occidentales, incluidos científicos, están tomando nota de los estilos de vida sostenibles de las comunidades indígenas, que tradicionalmente cuidan el bienestar de sus entornos. Los datos muestran que las zonas controladas por los pueblos originarios de todo el mundo tienen más biodiversidad. Los pueblos originarios controlan alrededor del 20 % de las tierras que albergan aproximadamente el 80 % de la biodiversidad. Incluso el reciente informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos sugirió que las formas de vida indígenas en la Tierra deberían integrarse en las acciones futuras.

“Puede que sea necesario aumentar el apego ecológico para alejar a las personas y las sociedades de las acciones ecológicamente destructivas”, afirmó Narvaez.

Narváez y su equipo demuestran que es posible desarrollar el apego ecológico que muestran las comunidades nativas sostenibles. Las acciones diarias utilizadas en el estudio pueden ser adoptadas por la mayoría de las personas, incluso en casa, y se detallan en el artículo.

[Para ver la invitación personal de la profesora Narváez en youtube:
https://youtu.be/o43Q-z6aGzo]

 

Referencias
Narvaez, D., Wang, L., & Cheng, Y. (2016). The evolved developmental niche in childhood: Relation to adult psychopathology and morality [El nido evolucionado de desarrollo en la niñez: Relación con la psicopatología adulta y la moralidad]. Applied Developmental Science, 20(4), 294–309. https://doi.org/10.1080/10888691.2015.1128835

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